Leer toda una vida en los ojos de una persona, ese es mi hobby. Veo a la gente con la que me cruzo y siento lo que sienten ellos: alegría, tristeza, decepción, esperanza; y no puedo evitar sentirme identificado. Incluso he llegado a llorar empatizando con gente muy frágil emocionalmente. Nadie puede negar que la cara es el espejo del alma, y los ojos su mayor reflejo.
Así comienza mi historia, leyendo vidas ajenas en ojos ajenos. Siempre me pregunté por qué tengo esta extraña habilidad. Cualquier otra persona pasaría la tarde haciendo el vago en casa o dedicándose a otras cosas. Yo, en cambio, prefiero dar un paseo llenándome de diferentes sentimientos y viviendo diferentes historias con una simple mirada. Llámame tonto, llámame cotilla o aburrido, pero lo cierto es que me completa como persona, y además me entretiene.
En uno de mis paseos, justo después de encontrarme con un chico muy triste por alguna pérdida importante, me topé con ella. La de los ojos verdes, imperturbables. Era muy guapa, su cabello rubio deslumbraba incluso al Sol, su estilizado cuerpo terminaba en dos largas piernas y sus ojos... sus ojos verdes quitaban el aliento.
Como con todo el mundo, la miré fijamente. En mi mente sólo estaban sus ojos, que también me miraban. Me concentré, traté de averiguar qué escondía esa mirada hechizante. Cuando pasó a mi lado, nuestras miradas se cruzaron con más fuerza y... nada. No sabía nada. Pensé que de pronto había perdido mi habilidad, pero mirase a quien mirase, encontraba un cúmulo de sentimientos, excepto en ella.
Quise no darle importancia, pero la tenía, y mucha. Era la primera persona que se escapaba de mi mirada, la primera persona que no lograba descifrar, la de la mirada imperturbable. ¿Quién era en realidad? ¿Una persona tan rota por dentro que por no tener, no tenía ni sentimientos? ¿Alguna especie de psicópata? El caso es que no se me quitaba de la cabeza. Por las noches sus ojos y su vacío corazón me perseguían y me impedían dormir. Por el día me quedaba colgado pensando qué podía pensar o sentir aquella chica. ¿Estaba enamorándome o era la intriga, esa intriga que jamás se despega de mí?
Lo único que tenía claro era que no era una persona normal. Y que no pararía hasta encontrarla.
Juegos de Magia
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Hace 13 años

