8 de marzo de 2012

Animal

Dos largas y estilizadas piernas. Aquello era lo primero que le alcanzaba la vista. Tenía ante sus ojos a la belleza personificada. El pelo, dorado, lucía cual metal precioso al sol. Sus ojos, su boca eran perfectos. Dentro de él se despertaron todos sus primitivos instintos. La libido le subió al instante. Sintió deseos de arrancarle la ropa, tirarla al suelo y hacerle el amor allí mismo. Antes de que pudiera siquiera pensar en hacerlo, aquella chica se fue de su lado, como si oliera el peligro que se le venía encima.
Algo más reprimido, se volvió a acercar a ella y hablaron. Ella, reacia, accedió a entablar conversación con él. Intentaba zanjar los temas para salir de aquella incómoda situación, pero él la retenía una y otra vez dándole palique. Ella quería salir. Él quería tomarla allí mismo. Ella lo sabía, y aquello la incomodaba aún más. Su excitación llegaba a límites insospechados. Será mía. Tenía todos sus instintos sexuales activados. Estaba preparado. Se iba a lanzar. Ella no podía escapar. No se lo esperaba. Y se lanzó. Pero la chica se había ido. No sabía ni como ni cuando, pero ella se había ido. Había perdido la conciencia del tiempo que había pasado desde que pararon de hablar hasta que se lanzó. Se había perdido en sus encantos, que tanto le cautivaron. Olvidó el tema, y se tomó unas cuantas copas.
Esa noche no pudo dormir, ni tampoco las siguientes. En su cabeza seguían esas largas piernas, y ese pelo dorado, y esa sonrisa que tanta excitación le provocaban. Por más que se autocomplacía con las imágenes de aquella preciosidad, el insomnio se apoderaba de él. Y así todas las noches.
Un día, vagando por la calle, vio a lo lejos una silueta familiar: aquella que aparecía en todas sus fantasías sexuales. Corrió enseguida para seguirla y poder rematar lo que nunca llegó a empezar. Pero esta vez quiso ser más cauto. La siguió hasta su domicilio, y esperó delante de su puerta. Durante varios días fue su sombra, no le perdió la pista un sólo segundo. Y entonces, decidió el momento perfecto para atacar. En su casa ella era vulnerable. Vivía en un edificio insonorizado, y completamente sola. Sólo tenía que hacerse pasar por cartero comercial y conseguir entrar en el edificio. Entonces nada ni nadie lo frenaría. Consiguió infiltrarse. Indagó por los vecinos dónde vivía aquella mujer. Cuando llegó a la puerta, tocó el timbre. Su excitación subía por momentos. En cuanto ella abrió la puerta, él no se contuvo más. Se lanzó. Y esta vez sí estaba ella. La llevó a la cama sin desprenderse de ella un segundo. Le quitó la ropa, y él se excitó aún más. Mientras él se desnudaba, ella miraba con asombro a aquel hombre, desprendido ya de su faceta humana. Sólo obedecía a sus instintos, y ahora necesitaba procrear.
Sin más dilación hizo el amor a aquella belleza, ella se resistió, pero él, ejerciendo su fuerza, le atizó una bofetada. Ella paró. Y él siguió. Y siguió. Y lo consiguió. Al fin.
Se levantó de aquella cama, donde la chica yacía exhausta y asustada. Aquel animal la había violado, y nunca lo olvidaría.
Aquel animal estaba satisfecho, todo su libido se había volcado en aquella muchacha.
Aquel animal ya no tenía nada por qué vivir.
Entonces, aquel animal se fue. Y el lado humano volvió. Pensó en lo que había hecho, y se horrorizó. Tras disculparse una y otra vez, lo decidió.
Segundos después, un hombre yacía muerto en la acera con un fuerte golpe en la cabeza y cristales a su alrededor.

2 comentarios:

Javier dijo...

Me gustó la diferenciación entre hombre y animal y el detalle de que el animal "muera" tras consumar el crimen.

Ahora bien, ¿por qué ella abrió la puerta?

Un saludo.

Sergio Fdez. dijo...

Un pequeñito error. Podemos suponer que no hay mirilla ni nada parecido. Debí haber hecho que rompiera la puerta...
De todas formas, muchas gracias por comentar y dar tu opinión, así me ayudas a mejorar :)
Saludos.

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