Tenía la vida que toda persona media podía desear. Un trabajo estable y que le gustaba, una familia envidiable, de dinero andaba bien...Y lo más importante, era feliz.
Un día, cuando se iba al trabajo (con una sonrisa en su cara, como siempre), se tropezó y se cayó de la acera. Una moto a toda velocidad rozó su frente. El hombre se levantó aterrorizado, con las piernas temblequeando y chorreando sudor frío. Alzó la cabeza y lo primero que miró fue un cuervo. Un cuervo negro como el tizón, posado en una de las farolas de la acera de enfrente, con un semblante terrorífico le miraba. Era siniestro. No le dio demasiada importancia y prosiguió su camino.
Lo contó a la hora de comer en su casa. Su mujer, supersticiosa ella, le advirtió:
- ¡Oh! ¿En serio? ¡Eso es una señal de mala suerte! ¡Ten cuidado, por favor! No sé lo que haríamos sin ti.
- No le des importancia a eso, mujer. En esta ciudad hay muchos cuervos rondando. ¿Qué culpa va a tener ese pobre pájaro de que me haya caído y de que casi me aplastan la cabeza contra el asfalto?
- Pues toda, cariño. Los cuervos dan muy mala suerte.
- Chorradas. Fue una mera casualidad. Dejemos de darle importancia a eso y sigamos comiendo.
Al día siguiente, con todo el asunto arreglado, se encaminó al trabajo. Mientras iba andando por una de las calles más transitadas en hora punta, una pesada maceta le cayó a los pies. Tan cerca, que incluso se cortó en una espinilla. En cuanto miró hacia arriba, al balcón de donde cayó dicha maceta, lo vio de nuevo. El cuervo. Otra vez, con esa mirada penetrante que deja a uno frío. Se dijo a sí mismo: "No pasa nada. Otra casualidad. Esta ciudad está infestada de cuervos". Se calmó y siguió caminando.
Se pasó toda su jornada de trabajo pensando en lo ocurrido esa misma mañana y la anterior. ¿De verdad podía ser casualidad? ¿Podría ser que el cuervo SÍ que es señal de mala suerte? No. Imposible. Eso son supersticiones.
A la mañana siguiente, aunque no creía en ello, fue con tino al trabajo, cuidando minuciosamente sus pasos y dónde pisaba. Lo controlaba todo. Casi todo. Mientras cruzaba una calle, no se dio cuenta del semáforo y fue embestido por un veloz vehículo. Quedó inconsciente, flotando en un mundo etéreo. Su alma se desvanecía. Y de repente, su cuerpo se estremeció. Un estrepitoso calambre le llegó al corazón. Recuperó la consciencia. Seguía tendido en el asfalto. Lo primero que vio fue un cuervo en los cables de alta tensión que colgaban encima de la calzada. Se levantó convencido. "Ya no es una casualidad" "Debo hacer algo al respecto". Ignoró todas las órdenes de los paramédicos que le habían salvado la vida. Su brazo derecho sangraba, su pierna derecha también, y tenía un dolor de cabeza terrible. En cuanto buscó en las líneas de alta tensión, el pájaro ya no estaba. Cogió una piedra a modo de arma y corrió en búsqueda de la negra ave. La buscó por casi toda la ciudad, pero no encontró un solo cuervo. Llegó a la antigua estación abandonada. Rebuscó por todas partes. Y a lo lejos de un andén lo vio. Tenía esa mirada fría y penetrante. El mismo hecho de recordarla le daba escalofríos. Cogió la piedra y... Oyó un fuerte zumbido y el suelo empezó a temblar. "No puede ser" "Esta estación está abandonada" "Son imaginaciones mías". Cogió la piedra, armó el brazo y... Otra vez el zumbido. Lo ignoró. El suelo temblaba con más fuerza. Lo siguió ignorando. "En cuanto acabe con este pajarraco todo esto terminará". Cogió la piedra, armó el brazo, se preparó para lanzar y...
Un revisor se bajó a ver qué había pasado. La simple visión le horrorizó. El cadáver aplastado de un hombre yacía en las vías del tren. Posado sobre él, un cuervo de mirada fría y penetrante.
Juegos de Magia
-
Aquí tengo una baraja francesa, ¿ves? Realmente es italiana, la
acabo de traer desde Maranello, pero ya me entiendes: con tréboles, rombos,
pic...
Hace 13 años


























