Llega Diciembre. Con él, los exámenes. Este mes es en parte un horror, sobre todo si estás en Bachillerato. Sales de un examen y tienes que estudiar para el del día siguiente. Estrés por todas partes. Las notas te persiguen a todas horas. Medias, medias. Todas cuentan para la media. Los profesores no paran de avisar: "tened en cuenta que de esto depende vuestro futuro". El futuro. Ni siquiera se me pasa por la cabeza lo que haré de aquí a dos años. Cierto es que una decima más o una décima menos es la diferencia entre estudiar lo que quieres y no. Pero la gente exagera. Nos llenan de exámenes, por aquí, por allá, incluso 2 o 3 en un día. Esto no es sano. Imaginaos que os tocan en el mismo día exámenes de Historia, Filosofía y Literatura (Es un supuesto, cualquier parecido con la realidad sería malsano para mente y cuerpo). ¿Cómo haríais para preparar semejante cantidad a estudiar? Sería imposible, y vuestro futuro dependería de estos resultados.
Pero tras el estrés llega la calma. Vacaciones. Las clases se van acortando poco a poco. Empiezas a ver películas en clase, algunas buenas, otras aburridas. En otras clases simplemente repasas y se vuelven tediosas. Aunque también están los férreos profesores que dan clase hasta el último día. En fin, una semana aburrida e inútil en la que simplemente te dedicas a mirar hacia el futuro, pero algo más próximo, pensando en el día de recoger las notas y abandonar el instituto... al menos durante unas semanas.
Juegos de Magia
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Hace 13 años








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