31 de diciembre de 2011

Amistad

Se vino abajo. En tres días había perdido su casa y su trabajo. No tenía dinero. Entonces, cual ángel salvador, su amigo de toda la vida le ofreció cobijo. Estaba feliz, y, gracias a eso, consiguió retomar el rumbo. Cada día pensaba en qué habría pasado si esa persona no lo ayudara. Con el tiempo, consiguió un trabajo como empresario en una importante empresa. Más adelante, tras agradecerle a su compañero lo muchísimo que le había ayudado, encontró un nuevo piso. Era pequeño, pero era muy confortable y al menos, se lo podía permitir.
Pasaron dos años, y la situación había dado un gran vuelco. El anteriormente arruinado ahora era un triunfador; donde antes había miseria, ahora había riquezas por doquier. La suerte le sonriera. Fue ascendiendo, hasta llegar a ser el subdirector de una de las mayores empresas del país. Unos cuantos días después, el director aparecía muerto en su despacho, pero lo más intrigante era lo que su testamento rezaba: Delegaba todo el poder de la empresa en el actual subdirector. Tras una gran investigación, llegaron a la conclusión de que este era inocente. Ahora era el director. Un magnate de los negocios. Un montón de dinero corría por sus manos. Y era feliz. Se compró una mansión, contrató empleados y empezó a vivir la vida.
Por otra parte, su amigo del alma tuvo un importante contratiempo: un ERE. Y acabó en el paro. Se le hizo imposible encontrar otro empleo y la hipoteca se le vino encima. Y luego un embargo. Y se quedó en la calle.
Recordó a su gran amigo y fue a pedirle alojamiento en su ostentosa mansión. Tras atravesar el intrincado sistema de seguridad del jardín acompañado por el mayordomo, entró en aquella enorme vivienda. Se quedó impresionado. Montones de adornos caros inundaban el gran salón, con una gran librería junto a la chimenea.
Su amigo llegó con andares prepotentes, ataviado con una bata con sus iniciales bordadas. Cuando se sentó en su butaca forrada de piel, se dispuso a contarle su historia y lo que le pedía.
Una vez terminó, él le dijo:
-¡Y una mierda! ¡Tú vienes aquí a aprovecharte de mis riquezas!
-Pero si no tengo ni trabajo, ni dinero, ni ningún sitio donde caerme muerto... Sólo te pido que hagas lo que yo hice por ti hace años.
-¡Ni lo dudes! ¡Y no oses interponerte en mi camino, o si no...! ¿Te acuerdas de la trágica muerte de mi antiguo jefe? - dijo él, con una sonrisa de maníaco.
Su sensato amigo se fue con el rabo entre las piernas e intentó buscar otro refugio.
Unos días después, el adinerado magnate vio una noticia en la televisión que lo impactó: Un vagabundo había sido hallado muerto en una céntrica calle de la ciudad.
Eso le conmovió. Y le abrió los ojos. Su avaricia había sido tal que llevó a la muerte a la persona que le había ayudado a ser lo que es ahora.
En los días siguientes, no podía dormir. Su angustia iba en aumento. El insomnio fue tal que cada noche escribía sus memorias. Una noche, se oyó un fuerte ruido en la mansión.
Al día siguiente, la policía encontró el cadáver de un importante magnate en su ostentosa mansión, con una bala alojada en la sien.

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