15 de octubre de 2012

Bullying: una realidad escalofriante

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El otro día una noticia impactó al mundo: el suicidio de una chica canadiense. Lo más sobrecogedor de este trágico suceso fue lo que llevó a la muchacha a hacerse quitar la vida: había sido estando acosada por un chico que ella conoció a traves de internet. A través de buenas palabras consiguió hacerse con fotos íntimas suyas y la amenazó con difundirlas por toda la red. Cambió de barrio, colegio y vida, pero no logró desembarazarse de él. Una historia muy larga y triste, contada toda en este vídeo que ella misma colgó en Youtube un mes antes de su fallecimiento.
A mí este tema personalmente me molesta mucho. En mi humilde opinión, la gente no alcanza a ver el grave problema que tenemos entre manos. El bullying (o acoso escolar) es una abominación. Esto es muy serio: son chavales de corta edad que se divierten a costa de hacerles la vida imposible a otros, normalmente por razones tan estúpidas como "es gay", "es un bicho raro" o simplemente porque se aburren y necesitan alimentar ese complejo de superioridad que suelen mostrar los acosadores.
Sinceramente, debemos hacer algo para parar esto. Las consecuencias son terribles, incluso pueden llegar al suicidio, como en el caso que mencioné al principio. Una vida a cambio de la diversión de otros... ¿es esto humano? La sociedad actual no parará de sorprenderme.
¿Cómo solucionar esto? Para empezar, concienciando. ¿De qué sirve el bullying? ¿Quién gana? Para empezar, los padres deben tomar las riendas en este asunto: una educación correcta podría evitar que esta conducta aflore en los niños. Pero tal y como muchos de los padres de hoy en día se toman la educación de sus hijos, lo veo cada vez más difícil...
Por último, quiero dejar una nota de esperanza a todos los que sufren o han sufrido este mal. El suicidio nunca es la solución, siempre es más oscuro antes de amanecer.

4 de septiembre de 2012

Capítulo 1 - Búsqueda

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Me desperté. Nada más levantarme me pregunté si todo lo vivido había sido un sueño, si aquella chica existía de verdad, si esos ojos verdes que no decían nada y a la vez decían todo volverían a camelarme. Estaba confuso. Aquella había sido una experiencia inolvidable, tan inolvidable que hasta dudaba de su veracidad. Real o no, aquella expresión neutra y aquellos ojos me perseguían donde fuese. No podía quitármela de la cabeza. ¿Me estaría enamorando? Mil preguntas me asediaban, pero sólo un pensamiento alcanzaba mi mente. Encontrarla.
Tomé el desayuno. Ella seguía en mi mente. Jamás lograría quitármela de la cabeza hasta hablar con ella, preguntarle quién es, qué es lo que siente... y descubrir si realmente estoy enamorado de ella. El misterio que la envolvía era lo más atrayente. Decidido, salí a buscarla. Pero... ¿por dónde empezar?
Nada más llegar a la calle no sabía qué hacer. Qué estupidez, pero si ni siquiera sé si es real. Y así comencé a vagar por las aceras, con un único pensamiento rondándome la cabeza. Ella. Tras horas de búsqueda, ni rastro. Y así durante cinco días.
El insomnio me estaba volviendo loco, al igual que su recuerdo en mi mente. Pasadas unas semanas, desistí.
Rendirme, algo que nunca había hecho. No dormía por las noches, y los días eran largos y tediosos. Estaba claro, estaba sumiéndome en una profunda depresión. Pero a pesar de haberme rendido, ella seguía en mi mente. No la había vuelto a ver. Ni siquiera en sueños.
Pasadas unas semanas, volví a salir de casa. Recorrí todas las calles de los alrededores. Ella no estaba. Cada vez estaba más convencido de que era una invención de mi mente. Pero seguía sin poder olvidarla. ¿Para qué perseguir un sueño, algo inalcanzable? Es estúpido. Así que tome la última decisión. Ella tenía que desaparecer. Y la única forma de hacerlo era que yo lo hiciese con ella.
 Sin darme cuenta, había llegado a la playa, concretamente al rocoso acantilado de uno de los extremos. No hay un mejor paisaje para mi pésimo final. La miré por última vez - ella seguía anclada a mis pensamientos- y me dispuse a dar mi último paso. Pensé también en todas las personas a las que quería y apreciaba, disculpándome por lo que estaba a punto de hacer. Tomé aire, cerré los ojos y di mi último paso. Pero algo me impidió caer. Mejor dicho, alguien.

1 de julio de 2012

Prólogo

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Leer toda una vida en los ojos de una persona, ese es mi hobby. Veo a la gente con la que me cruzo y siento lo que sienten ellos: alegría, tristeza, decepción, esperanza; y no puedo evitar sentirme identificado. Incluso he llegado a llorar empatizando con gente muy frágil emocionalmente. Nadie puede negar que la cara es el espejo del alma, y los ojos su mayor reflejo.
Así comienza mi historia, leyendo vidas ajenas en ojos ajenos. Siempre me pregunté por qué tengo esta extraña habilidad. Cualquier otra persona pasaría la tarde haciendo el vago en casa o dedicándose a otras cosas. Yo, en cambio, prefiero dar un paseo llenándome de diferentes sentimientos y viviendo diferentes historias con una simple mirada. Llámame tonto, llámame cotilla o aburrido, pero lo cierto es que me completa como persona, y además me entretiene.
En uno de mis paseos, justo después de encontrarme con un chico muy triste por alguna pérdida importante, me topé con ella. La de los ojos verdes, imperturbables. Era muy guapa, su cabello rubio deslumbraba incluso al Sol, su estilizado cuerpo terminaba en dos largas piernas y sus ojos... sus ojos verdes quitaban el aliento.
Como con todo el mundo, la miré fijamente. En mi mente sólo estaban sus ojos, que también me miraban. Me concentré, traté de averiguar qué escondía esa mirada hechizante. Cuando pasó a mi lado, nuestras miradas se cruzaron con más fuerza y... nada. No sabía nada. Pensé que de pronto había perdido mi habilidad, pero mirase a quien mirase, encontraba un cúmulo de sentimientos, excepto en ella.
Quise no darle importancia, pero la tenía, y mucha. Era la primera persona que se escapaba de mi mirada, la primera persona que no lograba descifrar, la de la mirada imperturbable. ¿Quién era en realidad? ¿Una persona tan rota por dentro que por no tener, no tenía ni sentimientos? ¿Alguna especie de psicópata? El caso es que no se me quitaba de la cabeza. Por las noches sus ojos y su vacío corazón me perseguían y me impedían dormir. Por el día me quedaba colgado pensando qué podía pensar o sentir aquella chica. ¿Estaba enamorándome o era la intriga, esa intriga que jamás se despega de mí?
Lo único que tenía claro era que no era una persona normal. Y que no pararía hasta encontrarla.

25 de abril de 2012

Un día en las carreras

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Aquel anciano sólo vivía por y para una cosa: las carreras de Fórmula 1. Normalmente era un viejo huraño y antipático, pero cuando veía rugir a aquellos coches en el asfalto, su rostro y su carácter cambiaban completamente: le brillaba la mirada y la mayor sonrisa del mundo se le dibujaba en los labios. Podías echar horas y horas hablando con él del tema. Había seguido este noble deporte desde muy pequeño. Vio a Fangio, HIll, Fittipaldi, Senna o Schumacher crecer como pilotos y abrirse un hueco en la historia del automovilismo. Pero una espina seguía clavada en lo más hondo de su corazón: nunca había estado en un circuito.
Un día, mientras estaba viendo una carrera por televisión, su nieta se puso delante de él. A punto estaba de gritarle ordenándole que se apartara cuando ella sacó lo que tenía en el bolsillo... ¡Entradas para el GP de Montmeló de Fórmula 1!
El hombre se quedó en shock, pero antes de que su nieta se asustara, reaccionó. Y vaya si reaccionó. De sus ojos brotaron dos lágrimas, que acompañadas de la más grande de las sonrisas, hicieron llorar también a la muchacha y ambos se fundieron en un emotivo abrazo. Eran las personas más felices del mundo.
Quedaban apenas dos semanas para el gran acontecimiento, pero a él los días se le antojaban demasiado largos. A lo largo de esta espera, quizá por los nervios, quizá por su salud, puesto que su estado era algo delicado, su rostro desfallecía con los días. A falta de apenas semana y media, ingresó en el hospital. Lo que más le dolía no era su ya anciano y arrugado cuerpo, sino la decepción que se llevaría su nieta, y su sueño frustrado de ver una carrera en vivo y en directo.
Increíblemente, durante su estancia en aquella deprimente habitación con olor a naftalina y esterilizantes, su estado fue mejorando a un ritmo fuera de lo normal. Los médicos lo calificaron casi de "milagro". El pobre hombre lo achacó a su voluntad. Tenía un sueño que cumplir con su nieta, y nada ni nadie se lo iba a impedir.
Con el alta médica y los ánimos por el aire, abuelo y nieta partieron hacia el circuito. Desgraciadamente, no pudieron ver los entrenamientos ni la clasificación, pero al menos, aquel hombre podía ver una carrera y cumplir así el mayor sueño de su vida. Durante el trayecto, conversaron:
-Abuelo, ¿quién quieres que gane?
-Hija mía, si te digo la verdad, yo sólo quiero pasármelo bien viendo la carrera. Pero sería inolvidable que ganase Alonso, el piloto de aquí, aquel que consiguió que todo un país estuviese atento de un deporte que la mayoría de la población desconocía hasta su llegada a él. Sería un bonito gesto hacia esa gente que conoció un bello deporte gracias a su magnífica gesta.
La chica se emocionó. Todo lo dicho por su abuelo era cierto, él había levantado una pasión por un deporte a priori desconocido en España.
Llegaron al circuito, y tras pasar las exigentes medidas de seguridad, se sentaron en la tribuna principal. Ante sus ojos, la majestuosa línea de meta con el cajetín de la 'pole position' que ese día ocupaba el inglés Jenson Button. Antes de la salida, al viejo se le inundaron los ojos. Todo aquello que estaba harto de ver por TV estaba ante sí; monoplazas, pilotos, ingenieros, mecánicos, periodistas, cámaras de TV, todo. Cuando se apagó el semáforo, una lágrima resbaló por su arrugada cara.
Vivió la carrera con puro desenfreno, como si de un fan de corta edad se tratase. Al llegar a la vuelta 66, el coche rojo pilotado por Alonso se enzarzaba en una tremenda pugna con el bólido plateado del inglés Button. Llegaron a la recta de meta casi emparejados, la tensión se mascaba. El viejo estaba nervioso y excitado a la vez, este era el final de la carrera que tanto ansió ver y a la que casi no pudo asistir.
Ambos monoplazas pasaron emparejados como una exhalación ante sus ojos, y entre todos los berridos, se sentía a gusto. Pero los berridos pronto comenzaron a tornarse diáfanos, y su vista borrosa. Al tiempo que el tercer clasificado pasaba bajo la bandera a cuadros, sus ojos se cerraron y no se volvieron a abrir. Su cara esbozaba una sonrisa, a pesar de que nunca supo quién había ganado aquella carrera.

27 de marzo de 2012

¿Madurez?

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Antes de leer esto, quiero dejar claro que estoy GENERALIZANDO. No pretendo demostrar la imagen de nadie en concreto. Simplemente es mi opinión. Espero que os guste.

Sí. Eso que todos anhelamos de pequeños. Todos nos dicen que somos inmaduros, que somos demasiado pequeños y que ya creceremos para entender mejor el mundo. Y esto aumenta más y más la curiosidad de los peques. Tanto es así que en estas nuevas generaciones tenemos fierecillas con las hormonas alteradas ya a los 11 años. Y esto me da algo de pena. Yo a esa edad, jugaba despreocupadamente con mis amigos, y me daban igual las chicas, ya habría tiempo para enamorarse. Yo me limité a vivir mi infancia, aunque dura a veces, reconfortante y divertida. ¿Qué gracia le veis vosotros a que un/a niño/a quiera desvirgarse a los 11 años? Yo ninguna.
Y ahora llegaré al punto que quiero analizar más detenidamente: las redes sociales.
Yo soy partidario de estas redes sociales: sirven para conocer gente, organizar quedadas con los amigos, chatear con ellos... Pero hay que saber usarlas. Y ahí debería estar presente la actuación de los padres.
Vale que Tuenti restrinja la edad de registro a los 14 años. Me parece perfecto, puesto que te encuentras cada elemento/a por ahí, que hay que tener cuidado. Me tengo encontrado niños de 10 u 11 años en esa red social, y en otras. ¿Es que acaso sus padres no controlan dónde se mete el niño con su ordenador? Para empezar, ¿debería tener un ordenador a esa corta edad? Con niños tan jóvenes, digo yo, debería tenerse más cuidado. Yo pondría un ordenador fijo (en el salón o en el comedor, sitios fácilmente accesibles) y así controlar mejor lo que éste hace en Internet. Puede ser un lugar muy peligroso para estos niños. Pero los padres de hoy, bien por vagancia, o bien por ser "progres", pasan de este tipo de educación (y de la educación de otros tipos, por ejemplo, sexual) y crean proyectos de "cani" que luego ya sabemos dónde acabarán. ¿Así es el futuro que queremos dar a nuestros hijos? No. Vale que la sociedad actual no augura una cómoda situación social en los próximos años, pero eso no quita que haya generaciones y generaciones donde abunden niños sin estudios, maleducados y absolutamente pasotas.
Otro de los puntos a los que quiero llegar es el móvil. Cada vez se le entrega móviles más modernos y caros a niños cada vez más pequeños. Y ahora con el Whatsapp (un servicio de mensajería instantanea gratuito, y muy útil en mi opinión), los niños quieren más móviles y más modernos. El iPhone está a la orden del día.
Y este Whatsapp ha creado tendencia. Ahora sólo ves jóvenes por la calle encorvados y aferrados a sus móviles tecleando y tecleando como si les fuera la vida en ello. En clase, otro tanto de lo mismo. Y luego nos preguntamos por qué nuestros hijos sacan malas notas... Aunque con la nueva educación, los suspensos importan una mierda.
Y este es el retrato de las nuevas generaciones, que ahora son "maduros" con menos edad. Fíjate, yo aún no sé lo que es madurar...

22 de marzo de 2012

Viaje de negocios

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Otra vez.
- ¿Por qué se va papá? ¿Va a volver?
- Claro, hijo - una lágrima bajaba por la mejilla de su madre.
El hombre, impasible, sin expresar emoción alguna en su rostro, se encaminaba al taxi a través del camino del jardín. Sus continuos viajes estaban a punto de acabar con su matrimonio. A pesar de que ella sabía que era por trabajo, la falta de su marido la entristecía mucho. Incluso había pensado en engañarle con otro hombre, porque como toda mujer, necesitaba satisfacer sus necesidades sexuales. Pero no. Sabía que algún día todo se acabaría y tendría su ansiado puesto de subdirector, y ya no volvería a irse.
Y el niño... Qué pena le daba. Pocos eran los días que pasaba al lado de su padre. Cuando aún no se había acostumbrado a su estancia en casa, ya se tenía que volver a marchar. Y cada día que lo hacía, la misma pregunta le encogía el alma:
- ¿Por qué se va papá? ¿Va a volver?
El avión volaba con rumbo a Lisboa. Dentro, un hombre lloraba. Lloraba por su familia. Nadie se imaginaba que en las próximas 48 horas las cosas en aquella pequeña familia se iban a torcer tanto.
La desconsolada mujer había llevado a su hijo al colegio. Ahora se disponía a hacer algunos recados. Hizo la compra, fue a por el pan, a echar unas cartas y ahora se dirigía a su casa.
Iba caminando por la calle muy tranquila. Era un apacible día de primavera. Los cantos de los pájaros y el radiante sol le habían calmado el alma. Ya no se sentía triste y una sonrisa iluminaba su rostro.
De repente, un fuerte rugido rompió el agradable silencio de la calle. Era el de una moto sin control. Se precipitó rápidamente sobre la hacera y al hacerlo, esta se descontroló aún más.
Aquella mujer seguía caminando por la acera, despreocupada. Todo fue muy rápido. Un ruido que en posos segundos se hizo más cercano y después, un golpe seco.
El pobre motorista observó con espanto la escena que ante sí se levantaba. Su moto, una mujer y sangre, mucha sangre. Llamó enseguida a la ambulancia. La policía concluyó que la culpa no recaía en el chico. Fue simplemente, un accidente fatal.
Se ofreció para acompañarla en la ambulancia. La pérdida de sangre había sido bastante importante, pero se podía recuperar. No se apartó de ella en ningún instante. Se sentía culpable, y no sabía qué hacer para compensarla. No sabía quién era, quienes eran sus familiares, si siquiera los tenía. Nada. Y posiblemente le hubiera fastidiado la vida.
Su pesimismo se evadió cuando la mujer despertó de su letargo, unas horas después del accidente. Por fortuna, recordaba todo, no tenía nada daños irreversibles y podía moverse sin dificultad. Le recomendaron pasar la noche en observación y a la mañana siguiente le dieron el alta. Él siguió a su lado.
Nada más salir del hospital, fue a ver a su hijo, que había dormido en casa de unos parientes. No sin antes intercambiar datos con el motorista, pues había sido un gran apoyo en la noche que pasó ingresada.
Al día siguiente, decidió llamarlo. Se sentía sola y su compañía era de gran agrado. Lo invitó a casa. Hablaron un rato, y al instante, empezó a sentir algo por él. Estaba sola, y no tenía a nadie más. Se enamoró al instante. Él era tan tierno, y amable... Y ella era tan sensible. No importaba. Su marido estaba lejos, en Lisboa.
En Lisboa partía un avión. Un avión con un hombre que lloraba.
Lentamente, ambos en la cama se fueron desnudando. Tenían toda la mañana.
El avión iba rápido. El hombre lloroso no podía esperar a tocar tierra.
En la soledad de la habitación, los dos amantes se besaban dejándose llevar por la pasión.
En el aeropuerto, el avión estaba tomando tierra.
El ambiente era cálido en aquel cuarto, y no podían esperar a hacer el amor
Aquel hombre llegó a casa. Las lágrimas aún se dibujaban en su rostro. No podía esperar a abrir la habitación de su cuarto y decirle a su mujer:
-¡Cariño! ¡Soy subdirector! ¡Adiós a los viajes!
Pero lo que vio nada más abrirla le dejó de piedra.
-No puede ser.

9 de marzo de 2012

Beliebers, ¡BASTA YA!

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Antes de embarcarme en esta aventura crítica, quiero dejar claro dos definiciones:
Belieber: fan de Justin Bieber. Aclaro como "fan" seguidor de su música y/o admirador personal de dicha persona.
Belieber "sincerebro"(autodeminado así por mí mismo): persona que siente COMPLETA OBSESIÓN por Justin Bieber y que se lía a insultos y amenazas con cualquiera que diga algo malo de él. Persona intolerante, en dos palabras.
Si los/las fans de Justin Bieber que estéis leyendo esto pertenecéis al primer grupo, no os debéis dar por aludidas a todo lo escrito debajo de esta aclaración, no tengo nada contra vosotros/as.

Dicho esto, comienzo:
Supongo que todos sabréis quién es el tío de la foto. Pues este chico no es que despierte una gran simpatía en mi persona, pero ni me va ni me viene, al igual que su música. Me parece demasiado comercial. Pero ese no es el asunto. Aquí el meollo de la cuestión es que este chico despierta grandes pasiones (sobre todo en el público femenino). Tales pasiones que hay gente que llega a sentir una malsana obsesión por él. Y eso me parece fatal. Está bien que os guste su música, está bien que os parece un tío buenorro, pero YA. No hace falta llegar a extremos.
Ahora es cuando quiero llevar resto a las redes sociales, sobre todo a una a la que soy asiduo: Twitter. Este chico tiene unos 18 millones de seguidores. Todo normal, es una gran celebridad. Pero estas "beliebers sincerebro" (que calculo que serán un gran número) que ya nombré antes se dedican a beber los vientos por este tío hasta límites que sobrepasan lo natural y a INSULTAR Y DESPRECIAR a todo el que diga que Justin Bieber no le agrada. Esto me parece denigrante. Como algunos sabréis, a mí me gusta Owl City, es más, me encanta. Y no voy enviándole menciones y espiando a la gente que dice algo malo de él para decirle que Adam Young es muy guapo y que su música es celestial y que la gente que no le gusta es despreciable, porque el mundo no funciona así. Y esta gente se tiene que enterar. Hay que saber aceptar las críticas (tanto a ti como a tus intereses) con madurez y tolerancia. No todo el mundo es igual que tú, ni lo debe ser.
Pero a lo que iba, estas "beliebers sincerebro" llegan a crear verdaderas redes de seguimiento para que las sigas (esto tiene también que ver con la fama en Twitter, de la que hablaré en otra ocasión) y compartáis vuestras alabanzas por Justin. Hay una en especial, llamada @justinbeliebe que tiene una red de bots impresionante, que en cuanto mencionas "Justin Bieber" o "Belieber" en Twitter, te salta automáticamente con lo siguiente:

Este tema lo podréis ver más a fondo en el blog de @JorSanDur cuando se hizo pasar por belieber para comprobar la de follows que estas se hacen entre sí: http://jorsandur.wordpress.com/2012/02/06/yo-no-soy-fan-de-justin-bieber-2/
En resumen, que esta gente a mí me parece despreciable, si te gusta Justin, pues bien, pero el resto del mundo también tiene derecho a opinar. ¡BASTA YA! ¡Queremos que nos dejéis de freír a menciones y a SPAM sobre ese tío! Disfrutad de vuestra afición a Justin, y a los demás dejadnos en paz.
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